jueves, 29 de noviembre de 2012

"Sembrar adrenalina es cosechar huesos rotos"


 Cuando era más chica, solía andar en moto... Mi hermana tenía una "dax" que yo usaba como si fuera mía desde los 13 años, o antes quizás también. El viento enredando mi pelo una tarde de verano, acariciando mis brazos y forzándome a cerrar los ojos mientras la agujita del velocímetro marcaba  donde ya no había números, era algo altamente placentero en mis adolescentes días. 
 Tenía a mi copiloto, Eugenia, compañera de ruta, pavadas y accidentes. Recuerdo que una preceptora nos dijo, después del primer choque, que no hay que andar tan apurado. Ella (Silvia) todavía suele andar en una bici con carrito atrás desposeída de relojes, con una calma que entonces me resultaba difícil de comprender, y me preguntó por qué esa ansiedad en el semáforo, por qué esa ansiedad de pasar a los autos, andar tan rápido para ir a dónde? 
 En el segundo accidente, cuando vi a la Juge tirada contra el cordón de la vereda convulsionando tomé conciencia de que nos morimos en un segundo de adrenalina, un segundo de estupidez. Gracias a la suerte, a Dios o a la vida, mi amiga y yo la sacamos barata, como Camilo. 
Les comparto estas líneas, cuando me las leyó Ivon, la cordinadora de un taller de producción pedagógica, pense: "tal cual". Y cuando conocí la historia de este pibe me conmovió y me inspiró muchísimo, muchos sentimientos, muchas ganas de trabajar... pero eso es historia para alguna otra entrada...
Camilo estuvo preso, lo menciono para que se entienda por qué no esperaba la mano que le fue tendida, cuanta grandeza este muchacho con sus reflexiones, gracias poeta!


Huesos que se parten


Todos me dicen que la saqué barata, yo digo que me quiero matar, siempre supe que en la selva hay que estar atento de las bestias, pero nunca pensé que se me iba a cruzar una en medio de un desierto (de tráfico). El palo me lo dí en un cruce tranquilo, nada de avenida, autopista o calles muy transitadas. Un cruce donde pasará un auto cada 3 minutos. Me la puso un camión de costado, misterio o dioses locos, pero por suerte venía con casco al igual que mi acompañante, que tan solo se raspó un poco, yo en cambio fractura con desplazo de tibia y peroné, me van a operar para introducirme un clavo en todo el hueso de la rodilla al tobillo.
Fue un lindo choque, con mucha estética, ya que fue estético ver mi pierna devenida en una S. La música la agregaron mis gritos de desgarro. Admito mi responsabilidad sin penas ni olvido, venía colgado y se te cruza un camión… eso si que es histerisquear con la muerte. El paragolpes me dió en la canilla y la rompió en dos, pero soy conciente que nos podía haber chupado hacia debajo de la carrocería y el panorama hubiese sido de velatorio. El dolor fue zarpado. Llevaba más de un año manejando la moto y nunca había tenido un choque tan fuerte, si muchos avisos, caídas y raspones pero no esta agonia, caí en la trampa genética de creerme macho y que la velocidad y la adrenalina le otorgan a uno la inmortalidad.
La ciudad es una jungla sin ley, los semáforos son disfrazes de nuestra histeria y una metáfora de la producción. Donde a todos nos chupa bien un huevo el otro y donde es inevitable no desear sumarse a esa locura, te brinda mucho poder la velocidad y el poder es muy tentador para nosotros los civilizados. Yo lo choco total lo paga el seguro. Cada día uno se rinde ante el nerviosismo, insultos, ceños fruncidos, gritos, frenadas, bocinazos, más gritos, más bocinazos, ¡apurate que te piso la concha de tu madre! Pero esas son imágenes que aburren denunciarlas, porque ya son parte de nuestra naturaleza . Tan solo queda armar una reflexión y bajar un cambio.
Hoy desde el reposo entiendo la velocidad, hoy desde mi convalecencia comprendo lo acelerado que uno anda. Duele la pierna y estar internado, duele más cuando uno se da cuenta que los accidentes no existen, que todo es causa y efecto, sembrar adrenalina es cosechar huesos rotos, lesiones neurológicas y altos raspones.
¿Hacia donde iba tan apurado? ¿Adonde nos lleva la ansiedad automovilística? ¿y si moría en el accidente? Tanto difundir mi metamosfosis para caer como un gil en las garras de la nafta y el caucho.
Mientras mi pierna era una S y yo gritaba, lloraba y crujía mis dientes por la fractura, alguien me dió la mano que nunca hubiese esperado; un policía me apretó fuerte la derecha con su derecha y me calmó con un; “negro tranquilo te quebraste nomás, la gamba no la perdés” y después me dió agua. Me enseñó mucho y ya no quiero odiar a la policía, al fin de cuentas son victimas y empleados del mismo patrón que dirije a los delincuentes, están perfumados con el mismo barro que los chorros y tienen el alma triste por cumplir una función que es un atraso en la evolución humana.


                                                                                                                Camilo Blajaquis

viernes, 16 de noviembre de 2012

Me quedo con su risa

Este poema solía gustarme más... cuando sus palabras expresaban también mi angustia.

No tiene título, así que me animo a ponerle uno... 
Creo recordar, fue hace tantos años ya, que al mostrarme sus letras me pidió titularlas. Tarde llego a cumplir su encomienda, pero creo que le habría gustado: "Abisal" , porque sé que fue escrito desde las profundidades oscuras del alma, donde nadie debería permanecer más que un instante. 
Tristeza me trae recordarlo permaneciendo en ese dolor...
"ninguna enfermedad es peor,  
 para  un hombre sensible, 
 no estar alegre de su yo".

 Mi viejo, mi papá, que me enseñó a amarme aún con todo lo que él no se amó.
 Yo sí supe estar alegre de su yo, de sus ojos claros, de sus manos fuertes, de su risa buena que me llenaba el alma.
 Más alegría quisiera haberle podido brindar a mi gigante triste de sonrisa noble. 
 Ojalá también me hubiera dejado  un poema de sus ratos de felicidad. Gracias a los dones de la creación puedo recordarlos... jugando conmigo y mis hermanos, armando barriletes extraordinarios, contandome un cuento, saliendo a caminar por el barro conmigo, un día de lluvia, a mirar a los gansos nadar en las cunetas de nuestro barrio. Y más , y más... 
  En fin, sepan comprender mi emoción, ahora sí, les comparto sus letras y una parte de su mundo, la más triste, pero hubo otras... QUE SE SEPA!


Abisal

Soy como esos muertos
que no yacen en una tumba fría,
soy de aquellos que tienen el alma muerta,
y sobreviven todavía.
 
Vacío cual un abismo
que el viento sin cesar socava,
noche a noche sufro mi pena,
que se acrecienta y no acaba.
 
Mar bravío que no calma,
sueños mios que naufragan,
torrente que me embriaga
de nostalgia y soledad.
 
Me alegro de ser mortal
pues el sufrimiento termina,
tal vez cruzar el humbral
me de paz definitiva.
 
Solo el alma conoce
lo que yace cerca del corazón
ella sabe de mis afectos,
ninguna enfermedad es peor,
para un hombre sensible,
no estar alegre de su yo.
 
Como el rayo que hiere la tierra
mi destino oculto me lacera
y al buscar la luz que me guía
pregunto: por qué se me condena
a caminar en las sombras,
bajo un sol de medio día?
                   
                     Juan Silvani

martes, 6 de noviembre de 2012

La voz, maravilloso instrumento para hacernos oir.

 Y en este espacio para las letras, en este lugar donde hacen eco las palabras, se vuelve necesaria la presencia sonora del maravilloso instrumento que traemos, como un tesoro milenario, junto con la inteligencia y la emoción. Caudal que fluye sereno en un arrullo, que envuelve en caricias con una canción, que engendra tempestades y tensa las cuerdas cuando la gobierna la ira, la bronca, o el dolor.  La voz...que trae consigo un abanico de entonaciones, timbres y tonalidades, trae consigo también significados.
 Y para hacer presente a la voz, que estaba ya contenida en las letras y que sólo necesitaba que una mirada la leyera para materializarse en una mente, (porque las palabras y la voz están tan ligadas que hasta pensamos en imágenes acústicas) elijo en esta oportunidad que escuchemos la voz del inspirador Eduardo Galeano, que justamente viene a hablarnos del derecho de soñar otro mundo posible. 
  Me interpelan sus palabras, sus ideas, su pensamiento... pero es un placer adicional escuchar su voz, su relato con sus pausas, su calma... su severidad y firmeza.
  Me gusta este hombre especialmente por su particular modo de expresar su ideología política, humana, haciendo un uso hermoso del lenguaje y la poesía. 

Gracias Galeano por invitarme a pensar siempre!